Tanto la violencia política como la extrema pobreza han afectado las redes de soporte social de la población infantil y adolescente, limitando seriamente el rol protector de los adultos.

Los ambientes comunitarios son pensados como espacios de juego y lectura, llamados  bibliotecas ludotecas. Los cuales se encuentran a cargo de promotoras y promotores de la comunidad. De este modo, se constituyen en espacios protectores, facilitadores de un vínculo afectuoso y seguro con adultos, que contribuye a aminorar el impacto del abandono emocional en el que viven los niños, niñas y adolescentes desplazados por la violencia política y en situaciones de extrema pobreza.

Esta propuesta se inicia en 1994 con la implementación de 6 bibliotecas ludotecas en 6 asentamientos humanos del Cono Este de Lima, como una alternativa de intervención  para niños y niñas desplazados por la violencia política, extendiéndose posteriormente a población de extrema pobreza.


En el año 2002, las bibliotecas ludotecas se constituyeron en una Red con el fin de lograr la sostenibilidad de las mismas.

Actualmente, Cedapp con el apoyo de la Asociación Francesa Wayra se encuentra ejecutando el proyecto "Por la Sostenibilidad de las Bibliotecas Ludotecas", que tiene como objetivo fortalecer las capacidades de gestión de las promotoras y promotores con el fin de mejorar la calidad de atención a los niños y niñas beneficiarios de estos espacios.

En el año 2004, a través del Proyecto "Jóvenes Líderes, Creadores de Esperanza", el cual se lleva a cabo con el apoyo de W.K. Kellog Foundation en convenio con la Diócesis de Chosica y su Red de Bibliotecas, la propuesta se orienta también a la prevención de la violencia juvenil habiéndose puesto en funcionamiento nuevos espacios de juego para niños, niñas y adolescentes de las zonas de San Juan de Lurigancho, Santa Anita y Ate-Vitarte, incorporándose jóvenes de las comunidades al equipo de promotores y promotoras.

Nuestra propuesta considera que el juego constituye un elemento fundamental en el desarrollo psicológico de los niños, niñas y adolescentes (en sus dimensiones emocionales, cognitivas, y relacionales) lo cual se plantea no sólo como una necesidad prioritaria, sino como un derecho fundamental y una condición indispensable para un desarrollo saludableReconocido incluso en el artículo No 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño .

De este modo, la hipótesis de base es que las bibliotecas ludotecas se conviertan en espacios libres y abiertos, lugares de encuentro donde el juego es un vehículo de comunicación y la realización de un derecho en sí mismo.

Partimos de la premisa que los seres humanos aprendemos desde niños/as a través de la experiencia. Cuando juegan, los niños y niñas van aprendiendo acerca de el mundo que los rodea, a relacionarse con otras personas, a descubrir sus gustos e inquietudes, a equivocarse y probar con distintas posibilidades. Así mismo, van aprendiendo a respetar reglas y normas que irán incorporando progresivamente, lo que constituye un elemento fundamental para una adecuada socialización.

Consideramos que el juego tiende a la integración de la personalidad, ya que es en el juego donde el niño y la niña relacionan sus ideas con las funciones corporales. El juego se convierte en el espacio intermedio donde se va articulando gradualmente la realidad externa con la realidad interna. En ese sentido, el juego permite que los niños, niñas y adolescentes elaboren sus vivencias, dificultades y experiencias difíciles.

Lamentablemente en nuestro medio, los niños, niñas y adolescentes cuentan con pocos espacios que ofrezcan dichas posibilidades.

Ante ello, en el ámbito de la animación socio-cultural, las bibliotecas ludotecas constituyen una alternativa para llenar este vacío ofreciéndose juegos y actividades (charlas a padres y madres de familia, refuerzo escolar, paseos, etc.) que resulten atractivos para los usuarios y usuarias, potencializando sus recursos afectivos y cognitivos y promoviendo la libre expresión y  el desarrollo de su creatividad. Todo ello en un espacio de encuentro con otros niños, niñas y adolescentes que facilita la posibilidad de contacto, relación e integración así como el reconocimiento, respeto y aceptación de las diferencias tanto culturales como personales.

Así mismo, se busca propiciar la participación de miembros de la comunidad (promotores y promotoras) en el desarrollo de sus propias comunidades, empoderándolos como sujetos en relación con otros y promoviendo la construcción de ciudadanía.

Se parte de una metodología participativa, la cual se da a ambos niveles del proyecto (tanto en la conformación del equipo de promotores y promotoras como en el servicio a brindarse en las bibliotecas ludotecas) de tal manera que permita recoger las propuestas e iniciativas de los y las promotores/as para ser implementadas en el sistema de las bibliotecas ludotecas, considerando su cercanía y  el conocimiento de las características de  sus comunidades.

Los promotores y promotoras son capacitados mediante charlas informativas (en temas de desarrollo, buen trato y acogida, juego y gestión de las bibliotecas ludotecas) metodologías de trabajo participativas y vivenciales y espacios de reflexión grupal, de tal manera que se promueva una integración reflexiva y una apropiación de los conocimientos. Cabe resaltar que, en las jornadas de capacitación se le da especial importancia a que los participantes logren comprender aspectos del desarrollo de los niños, niñas y adolescentes, así como  la importancia de la actividad lúdica en el desarrollo humano a partir de la reconexión con su capacidad lúdica y con sus experiencias de vida.

De este modo, se busca que los y las promotores/as logren reconocer, valorar y potencializar sus recursos como  personas y líderes de su comunidad y promover así  el despliegue de sus habilidades y el uso creativo de sus recursos canalizando sus iniciativas y compromisos.

Asimismo y con la finalidad de garantizar la continuidad de estos espacios, se aspira a que estas Bibliotecas Ludotecas lleguen a ser autogestionarias y que establezcan alianzas con otras instituciones.




Reconocido incluso en el artículo No 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño